
Las puertas del instituto se abrieron a las 8:30 de la mañana. Nano se levantó, quizá, más pronto que el resto para arreglar los focos que la noche anterior durante el ensayo de scouters no habían funcionado. Nano estaba allí el primero, encerrado en su mesa de mezclas, luz y sonido, de la que, por cierto, apenas salió en todo el día.
Un poco más tarde, llegaríamos el resto de secciones. Las mañanas del Festival, ya tiene denominación de origen, se han caracterizado siempre por un trasiego de gente que va de un sitio para otro, viajes al local de reuniones para coger material, compras de última hora, ensayos frenéticos de 45 minutos (ni uno más, ni uno menos), padres que decoran el salón, lobatos que corren por las pistas (aunque este año las pistas estaban levantadas), los últimos preparativos del decorado.
A las 17:00 horas todo estaba listo. Los lobatos vestidos. La primera actuación preparada y el tradicional vídeo de presentación a punto de empezar. A partir de ese momento, todo fue sucediendo a una velocidad de vértigo, sobre todo para los que estamos detrás, entre bambalinas, coordinando el festival, abriendo y cerrando telón, dando paso a las actuaciones.
Así, llegó el emociante vídeo con las mejores fotos de los últimos 20 años (un trabajo de Kaa), la trepidante y espectacular actuación de Sister Act, de la mano de un grupo de padres, la gimnasia con Fama de los Lobatos, el divertido Maná Maná de la Tropa, la genial interpretación de los pioneros, rememorando la historia de los tres cerditos, la originalidad de Water, con un enorme sentido del humor, el ballet de los scouters y los guiños de dos abuelos y un nieto que en calidad de
presentadores amenizaron toda la velada. Después, se sorteó la cesta, cantamos el villancico, como toca, Blanca Navidad, este año, además con una calidad diferencial, y compartimos todos juntos el resto de la tarde con sidra y galletas.
Cerca de las ocho está todo recogido, los pies no forman parte de tu cuerpo, pero como yo digo es un cansancio que, en el fondo, no cansa porque has hecho que los demás pasen una tarde inolvidable. En fin, este año fue un Festival de Navidad especial, si lo permiten, de lujo.

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